Sábado, 25 de Noviembre del 2017

José Luis Coronado

El Patio

| Por José Luis G. Coronado | Lo mejor de mi adolescencia está ligado al patio del colegio donde estudié el bachillerato.  La escalinata por la que se accedía, el terraplén que daba a las escuelas municipales, el frontón, la fuentecilla y el peral inmenso que sombreaba la semiladera silvestre, apenas frecuentada por la chavalería, que remataba junto a la tapia que daba a las eras en un sucinto gallinero

La sombra de las acacias

|Por José Luis G. Coronado| La sombra de las acacias de la plaza era el único signo amable en aquel mediodía de agosto en el que Rubén Vidal regresaba solo después de haber despedido a Lucas Tuero en el crematorio de La Almudena. Se había aflojado la corbata casi hasta la mitad del pecho y la chaqueta le colgaba plegada bajo el brazo izquierdo. Con el deseo instintivo de mantener

La Prueba

Por José Luis G. Coronado| Iba lamiendo y baboseando los días y las noches a sabiendas de que la raíz de mi pasado ya no era más que la hilacha de un palo de regaliz mustio y desflecado del que hacía tiempo se habían extraído los últimos restos de dulzor. Era como escuchar tumbado una matraca interminable de ruidos y rutinas, y el hecho de incorporarme a orinar constituyera un

El sudor y el pan

|Por José Luis G. Coronado| Ahora pienso mucho, pienso más que nunca, sin más anotaciones en mi agenda de nadas que la comparecencia obligada en las colas del INEM, me queda el día entero para pensar. Y la noche. El pensamiento se me hace un bucle en el alma y vuelvo la mirada hacia el pasado y me digo que hubiera debido pensar más, antes, cuando todo se me hacía

La propiedad privada

|Por José Luis G. Coronado|  En vísperas de las elecciones generales del 1982, las encuestas apuntaban claramente la posibilidad de que ganaran por primera vez los socialistas. En una charla de barra, en el casino de la calle de Santa Cruz, alguien le comentó tal circunstancia a Basilio de la Torre, importante terrateniente local y hermano de la eximia poetisa. “Tatito”, que así se conocía en el pueblo al importante

Diálogo de sordos

|Por José Luis G. Coronado|  El tío Esgueva era un cuellarano singular del que se contaban historias pintorescas que tenían que ver generalmente con el mundo del toro. Había sido subalterno muchos años y su carrera había sido irregular, dicen que porque la viveza de su genio le enfrentaba a menudo con los maestros. Cuando se retiró, yo le recuerdo hasta muy mayor de asesor de la presidencia en las

El referéndum

|Por José Luis G. Coronado|   En estos días en los que la batalla dialéctica está centrada en torno a si procede o no refrendar por el pueblo la continuidad de la monarquía, me ha venido a la memoria la frase que pronunció un vejete cuellarano en la taberna de Renedo con motivo del referéndum sobre la sucesión a la Jefatura del Estado de 1966. Después de manifestar que no

Yo acuso… también

|Por José Luis G. Coronado| Una carta abierta de Emilio Zola (1840-1902) al presidente francés M. Félix Faure fue publicada bajo el título de “J´acuse…” en la primera plana del diario L’Aurore, el 13 de enero de 1898. Es la siguiente: “Yo acuso al teniente coronel Paty de Clam como laborante —quiero suponer inconsciente— del error judicial, y por haber defendido su obra nefasta tres años después con maquinaciones descabelladas

El impostor

|Por José Luis G. Coronado| El escritor extremeño Javier Cercas, tras el gran éxito de sus novelas “Soldados de Salamina”, basada en el fusilamiento fallido del poeta falangista Sánchez Mazas, y “Anatomía de un instante”, donde disecciona el intento de golpe de Estado del 23-F, acaba de publicar “El impostor”, cuyo núcleo narrativo gira en torno a la biografía tramposa de un personaje singular: Enric Marco. Yo conocí y traté

La calle Real

|Por José Luis G. Coronado| Las mejores definiciones de patria no las han hecho los políticos, sino los poetas. De entre todas ellas, la que yo prefiero es la de Rainer Maria Rilke: “La verdadera patria de un hombre es su infancia”. Cuando ya empiezo a vislumbrar en el horizonte la última vuelta del camino, como tituló Baroja sus últimos años, uno vuelve a las primeras páginas del libro de