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Ingredientes para un pregón de fiestas

Pregones de todo tipo han podido escucharse en sus más de tres décadas de historia

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|Por Juan Carlos Llorente|

Desde el año mil novecientos sesenta y tres, el Ayuntamiento de Cuéllar viene nombrando Pregoneros de las Fiestas de Nuestra Señora del Rosario, y, entre el elenco de Pregoneros, hemos oído y escuchado pregones de todo tipo y condición, desde los que se han basado en un repaso a los hechos más notables de la Historia de la Villa, hasta los que se han desarrollado en versos de los más diversos deportes, tauromaquia… pasando por los que han sido musicalizados; los ha habido de duración corta y otros de duración considerable.

Los ha habido inanes y otros hasta con visos de hacer filosofía; los ha habido exaltados y opacos… y así podríamos ir poniendo las distintas cualidades a estos ya numerosos pregones.

Yo diría que cada cuellarano o cuellarana, alguna vez en su vida se ha sentido ‘pregonero’ de las fiestas en que se celebran los que dicen que son los encierros de toros más antiguos de España, y por ende, del mundo.

Orgullo y pasión ponen los cuellaranos cuando de hablar de sus fiestas se trata, y no hace falta subir al balcón de la Casa de Ayuntamiento, para sobrevalorar el profundo arraigo que conllevan las fiestas cuellaranas, para lo que se ponen a disposición los recuerdos y vivencias vividas en torno a las Fiestas del Rosario.

Dos niños ataviados para vivir las fiestas de Cuéllar. | Archivo familiar de Juan Carlos Llorente|

Afloran en la memoria aquellos jovencitos que, a partir de mediados de agosto, comenzaban la limpieza y montaje de las ‘limonadas’ que cada cuadrilla de amigos convertía en casa del común antes y durante los días señalados para ‘los Toros’: bajar al río a por las enramadas, elegir la bodega donde adquirir el vino para la limonada, encontrar solución para disponer de corriente eléctrica, buscar a alguien que preste un tocadiscos y discos de vinilo para amenizar los largos ratos de disfrutar del lugar; mientras, ya se habían ido colocando aquellas talanqueras conformadas con viejos troncos de pino de los que alguno aún sangraba resina, aquellas talanqueras atadas con gruesos hatillos, talanqueras que aguantaban el peso de los que en ellas se columpiaban y jugaban a saltar como si ya estuvieran frente a ellas los novillos.

Aquellos tiempos que iban dejando atrás los tablados en la Plaza Mayor, bajo los que, los jovenzuelos hacían su recorrido buscando a ver si las muchachas dejaban mal plegada su falda y ver algo más que sus rodillas cuando se sentaban en aquellos tablados que se construían y se repartían por familias; eran ya tiempos nuevos y se hablaba con orgullo de la nueva Plaza de Toros, la mejor de toda la provincia de Segovia, aunque plaza de toros inconclusa que acumulaba llenos extraordinarios y que agrandaba sus graderíos por la falda del Castilviejo; eran tiempos de espera a que llegaran las camionetas con las verbenas de bombillas de colore, y aquellos carromatos con los cochecitos de choque, aquellos carruseles de caballitos, aquellas barcas, las casetas de tiro al blanco del tío Susano, las tómbolas, los churreros y los sombrereros.

Eran tiempos de preludio festivo. Había que preparar en cada casa, las viandas precisas para surtir los almuerzos, las comidas, las meriendas y las cenas. Eran tiempos de preparar las ropas adecuadas para no sufrir por los posibles desgarros que pudieran suceder o aguantar la presunta colmatada suciedad sobre las prendas, tiempos de preparar las zapatillas con suela de esparto que generalmente servían para usar durante las fiestas y luego tirar, tiempos de adquirir los pañuelos rojos que se ponían de moda en toda España, tiempos de sacar del arcón las bellas pañoletas que luego los mozos arrebataban a las presuntas novias y no devolvían hasta no haber acabado las Fiestas.

En aquellos días parecía como de obligación asistir a los festejos taurinos vespertinos y, por ello, la asistencia a los mismos era masiva. Los pasacalles de mozos y mozas entrelazados sus brazos, era constante en un ir y venir por las calles tradicionales del paso de los encierros, y los Paseos de San Francisco se convertían en punto común de bailes y más bailes, de jotas a lo tradicional y de escarceos amorosos en los bailes agarrados…

Fueron años en que se iban erradicando las varas que cada mozo solía llevar, quizá no tanto para fustigar a los astados, sino siguiendo una tradición que entendía que durante las Fiestas, alcaldes éramos todos y la vara era signo de la autoridad personal.

Anécdotas

A todo esto, y más, se puede sumar un anecdotario rico en circunstancias variadas, de las que cada uno tiene alguna. Yo, por ejemplo recuerdo esta: “mi padre, siendo alcalde Felipe Suárez (padre), era el encargado del despacho de entradas para los festejos taurinos. En una ocasión, un día de las fiestas, siendo yo muy joven, me dijo: vente conmigo a la plaza de toros, que tengo que mirar unas localidades que figuran en el taquillaje y que, o bien no existen, o bien están cercenadas, y esas localidades no se pueden vender. Estábamos haciendo la revisión en el tendido uno, junto a la Puerta Grande, cuando desde el otro lado, desde el tendido cinco, oímos una voz dirigida hacia los dos “Lucas… Lucas… vete a casa que una vaca a corneado a tu hermana Carmen y la cosa es grave, lleva una cornada cerca del corazón…”.  Era Ángel ‘Revive’ nuestro vecino de la calle Carchena. Mi padre, pálido, no me esperó, y deprisa salió en dirección de casa. Cuando llegué yo medio llorando, salía mi madre que me dijo, “hijo, no te preocupes que dice don Tomás (médico) que es un desgarro por debajo de la axila, con mucha sangre, lo que parecía cornada en el corazón por lo escandaloso de la sangre, pero que es menos de lo que se pensaba…”. Y así fue: un gran susto en aquella fiesta de los años sesenta.

Por eso, en Cuéllar, muchos de los acontecimientos de la vida, se relativizan por un antes, un durante o un después de “los Toros del año tal o cual”. Así pues, los pregoneros de turno de las Fiestas de Nuestra Señora del Rosario, las de “los Encierros de toros más antiguos de España”, tienen a su disposición un largo elenco de ingredientes de los que tomar nota para, de alguna manera, pregonar con conocimiento de causa, lo que son y entrañan las Fiestas para las cuellaranas y los cuellaranos.

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