En la noche del Lunes Santo las calles del casco histórico de Cuéllar fueron el escenario de sendas procesiones: la primera la del Cristo de la Encina desde la iglesia de San Andrés y, al concluir esta, la primera salida de la Virgen de la Vera Cruz desde la iglesia de San Miguel. Ambas fueron acompañadas por la Cofradía de la Vera Cruz, representantes del resto de cofradías, autoridades y un representante de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Carrión de los Condes (Palencia).
Ya pasadas las 20.30 horas los penitentes de la Vera Cruz abandonaban el templo de San Andrés, que acogió la misa cantada por el contratenor Sergio Caminero acompañado por el sonido del órgano con el organista Daniel García. Tras ellos, la imagen del Cristo de la Encina portada en andas por cinco portadores.
El sonido de un timbal y una campana tubular acompañó el recorrido desde su salida de la iglesia de San Andrés, como también lo hicieron las antorchas encendidas y los pasos acompasados de los cofrades.
Desde San Andrés el recorrido continuó por la calle Rogativa y la calle Nueva hasta pasar bajo el arco de San Basilio, y dejando a un lado el Castillo continuar por la calle Palacio. Desde allí, tras atravesar el arco de San Martín, la procesión continuó por las calles Duque de Alburquerque y Morería hasta llegar a la plaza Mayor y acceder al templo de San Miguel donde concluyó para dar paso a la salida de la Virgen de la Encina acompañada también por la cofradía de la Vera Cruz.
El Cristo de la Encina, es una imagen del siglo XIII que forma parte del calvario que se conserva en la iglesia de San Andrés de la villa junto a las imágenes de la Virgen y San Juan. Se trata de un grupo artístico de gran valor, considerado como una de las mejores obras del patrimonio de la Iglesia en Castilla y León, y que presidió la exposición de Las Edades del Hombre en Valladolid en 1988, para la que se restauró, y pudo también admirarse en la iglesia de San Andrés en la muestra de Las Edades que acogió la villa en 2017, ‘Reconciliare’.
Vera Cruz
La iglesia de San Miguel fue el punto de partida de esta primera procesión con la Virgen de la Vera Cruz, una talla de finales del siglo XVIII o principios del XIX, atribuida al malagueño Juan de Astorga. En el interior del templo siete coralistas formados en Salamanca cantaron a la imagen antes de ser portada en andas, y también lo hicieron en el recorrido.
La imagen inicialmente procede de la colección de arte del fallecido director del Museo Nacional de Escultura, Luis Luna Moreno, y actualmente está en la colección particular de un cuellarano que llegó a un acuerdo con la cofradía para que la imagen fuera bendecida el pasado año para participar en esta procesión.
La imagen procesionó con un traje de brocado negro y toca de terciopelo, incorporando dentro del manto dos galones morados en señal de esperanza. Un desfile, como el anterior, solemne con la noche y el silencio como compañeros.
La imagen está compuesta por el busto de la virgen que es la pieza original de Juan de Astorga, un cuerpo de candelero realizado por Alberto Martín (vocal de la cofradía) y Juan Francisco Martín (Hermano Mayor de la cofradía). Las manos, que no se conservaban de la imagen original, han sido adquiridas por el propietario y son históricas del siglo XVIII. Se completa la imagen con una corona de espinas natural que la virgen porta en las manos, realizada por Julio Cantalapiedra (cofrade).
El sonido de una dulzaina y el timbal acompañó la procesión, que discurrió por la calle San Julián hasta el Mercado del Pan, calle Magdalena y San Esteban, para a través del arco de la Judería llegar a la plaza de San Gil y finalmente por la calle Palacio a la iglesia de San Esteban donde concluyó.
