|Por Pablo Quevedo Senovilla|
A Isaías Rodrigo Criado.
Ha volado un halcón peregrino a los cien años. Un hombre cargado de historia popular, que fue voz de luz otros años.
Lo tuvimos siempre cerca y el dolor de perder a esta joya se notará entre colinas, murallas y barbacanas. Todas y todos los cuellaranos correrán a su duelo y no hay gota de rocío que no sienta el hielo de la muerte de un hombre que lo dio todo a cambio de nada y que tanto voló por todos los rincones de la Villa, para dejarnos escrito en pequeños surcos, las crónicas de tiempos pasados. ¡Gracias Isaías, pariente!
Una tarde, que pudo ser una mañana, te embrujó el murmullo del rio y del monte, de escogidas lecturas y labores. Te acercabas a El Henar y con agua de mayo te querías mojar.
Te guiaba siempre un rayo de luna, o la clara del alba al amanecer, con tu padre Román en el carro acarreando el trigo para llevar a la era a la trilla y recoger la cosecha del año. Erais 11 hermanos; Pablo, Anastasio, Eulalia, Felipa, Francisco, Mariano, Basilio, María, Pilar, Valentina e Isaías.
¡Qué dolor estoy sintiendo, Isaías amigo! Se desploma lentamente.
Escribiste tantas páginas en cuatro libros publicados, más los pendientes que dejas en esos cajones que siempre te acompañaban, todo ello perdiéndose en el vacío.
Así me gusta verte, entregando tu cuerpo a investigaciones científicas. Una muerte suave bajo plácidas nubes, rebasando dulce la despedida.
Con tus libros lograste enseñarnos canciones, juegos, costumbres y oficios de Cuéllar, relatos de toros y limonadas, así como crónicas municipales. Todo lo teníamos perdido y tú supiste, como un buen cuellarano, sembrar en pequeños surcos, palabras en el tiempo de tu soledad.
Tus paseos entre pinares te dieron el seco aroma de su resina en lágrimas para lograr su esencia de trementina y conseguir tu obra, ¡maestro! D.E.P. y nos veremos en el viaje final, Isaías. Y hablaremos de terminar de escribir ese libro que dejaste pendiente, en el que mi hijo Pablo, te escribirá el prólogo, como ya hizo en otros de tus libros.
Tus hijos, Henar y Pablo, estarán orgullosos de haber tenido un padre ejemplar. Si las piedras te miran con sus ojos invisibles y tratan de agolparse en tu camino, tú sigue avanzando.
