| Por Francisco Salamanca |
Primera de feria. Domingo de toros en Cuéllar.
El debut de Saltillo en Cuéllar resultó variado de comportamiento, con lidias interesantes, algunas de alivio, otras de poder y con toreo del bueno de la mano del colombiano, casi cuellarano, Juan de Castilla, que disfrutó del mejor lote.
Toros duros, vareados de diferente trapío por delante, algunos correctos y otros inferiores a lo que suele salir por la puerta de chiqueros de esta plaza. En general encastados, mansearon buscando toriles 1º, 4º y 5º, aplaudido de salida, mirón el segundo, aplaudido en el arrastre el 6º, engallados todos. En varas se dejaron sobresaliendo la pelea del 6ª, al que se picó muy trasero. Por la mañana protagonizaron un buen encierro con un traslado tranquilo por el campo y buena velocidad en las calles. Un cuarto de entrada. Se lució la Banda Municipal de Música de Cuéllar.
José Carlos Venegas, de verde y oro con cabos blancos, estuvo torero con el que abría plaza (brindó al público), que cumplió en el caballo, sin más, haciendo sonar el estribo. El toro, que acortaba el pase en cada serie a pesar de la disposición del torero, se puso zapatillero por el izquierdo y acabo rajándose. Estocada trastabillada que le valió una oreja. El 4º, anovillado, que cabeceó en varas defendiéndose no le dio opción alguna al de luces, algunos muletazos incompletos que acabaron, de nuevo, en chiqueros. Estocada caída y tendida muy efectiva. Algunos aplausos.
Gomez del Pilar, de verde y oro con cabos blancos, tuvo que bailar con la más fea. Artesano se llamaba su primero, que resultó en artista mirón, peligroso sin fijeza, al que no le interesaba la franela del madrileño, que le arrancó algún muletazo bajándole mucho la mano por el pitón izquierdo, al que finiquitó de estocada habilidosa. Leve petición. El 5º fue el toro mejor presentado del encierro, al que se picó mucho y mal, intentando pararlo en el peto tras no haberlo conseguido con el capote. La lidia fue lejana y desconfiada y la muerte del cárdeno resultó vergonzante. El diestro tras la pitada se disculpó con el respetable.
Juan de Castilla, con un terno nazareno y oro con cabos blancos, necesitaba volver a ser Juan de Castilla tras la grave cogida en Manizales el pasado seis de enero, fiesta de los Reyes Magos, que digo yo que con regalos como este es mejor no escribir carta alguna. Estuvo a punto de conseguirlo con el 3º, Salador de nombre, engatillado por delante, suelto y sin fijeza en el primer tercio. Una exquisita lidia sujetó el burel. Dos extraordinarios pares de Felipe Garavito obtuvieron el aplauso y reconocimiento del respetable haciendo desmonterar al banderillero.
El colombiano, que brindó a un grupo de aficionados de la peña “Tres puyazos”, ganó la partida al de Saltillo por ambos pitones, muletazos bajos, largos, vibrantes y rematados con el alivio del de pecho. En la suerte contraria, tras pinchazo, estocada casi entera. Sainete con el descabello y la puntilla que malograron los trofeos. El sexto, playerote y agalgado, duro como el pedernal, sufrió la impericia del varilarguero en dos varas en las que peleó sin despeinarse. La lidia fue emotiva porque el torero se crecía con cada muletazo transmitiéndolo al público. Series por ambos pitones con poder y ligazón que remata, jugándose el todo o nada, con una estocada recibiendo impecable. Dos orejas, puerta grande.








