|Mª Teresa H.|
Como persona que aprecia profundamente el Santuario de Nuestra Señora de El Henar, siento una enorme tristeza al ver cómo ha cambiado el ambiente en los últimos meses.
Desde el relevo en la gestión, el pasado 15 de junio, cuando dejó de estar en manos de las laicas consagradas y comenzó una nueva etapa, muchas personas perciben que se ha perdido parte del espíritu de acogida, cercanía y respeto que siempre caracterizó este lugar.
Trabajadores, voluntarios y personas que durante años han colaborado de manera totalmente desinteresada comentan con preocupación que el ambiente ya no es el mismo. Algunas personas han dejado incluso de ofrecer su tiempo y ayuda, algo que debería hacer reflexionar a quienes tienen la responsabilidad de dirigir el Santuario.
Esta publicación no pretende señalar ni descalificar a nadie, sino expresar una preocupación compartida por quienes queremos al Santuario. Una buena gestión no se mide únicamente por la organización o la afluencia de grupos, sino también por la capacidad de cuidar a las personas, escuchar a quienes trabajan y valorar a quienes colaboran de forma altruista.
Ojalá esta reflexión sirva para abrir un diálogo sincero y para recuperar el clima de respeto, ilusión y colaboración que durante tantos años hizo del Santuario un lugar especial.
