El Servicio de Conservación, Restauración y Estudios Científicos del Patrimonio Arqueológico (SECYR) de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) bajo la dirección del catedrático de arqueología segoviano Joaquín Barrio ha dado a conocer en el I Congreso Internacional de Arquitectura de Tierra en el Mediterráneo Antiguo los resultados del trabajo arqueométrico y de restauración de los restos murales pintados recuperados en el poblado vacceo de Cuéllar, situado junto al Castillo.
Unas pinturas cuyo ‘valor excepcional’ se subraya, destacando el uso de rejalgar, un pigmento poco habitual en aquella época.
Los investigadores han podido determinar las características de los materiales (composición, técnica pictórica, pigmentos, capas de preparación…). Asímismo, aplicando técnicas y métodos de restauración eficaces sobre unos revocos de tierra pintados de extrema fragilidad y afectados por problemas de deterioro, han conseguido recuperar y estabilizar ese importante conjunto mural de una de las viviendas del poblado II de Cuéllar (finales VI-V a.C.).
El hallazgo de los restos de zócalos pintados supuso un descubrimiento arqueológico de gran valor, no sólo para el conocimiento del poblado protohistórico de Cuéllar, sino para saber con detalle cómo era la decoración de sus casas.
En su momento, Barrio dio a conocer el hallazgo junto a su estudio arqueológico y años después se realizó el trabajo inicial sobre su conservación y restauración. Sin embargo, el estudio detalla que el proceso de su recuperación no fue fácil, como tampoco lo ha sido el de restauración que se ha llevado a cabo años después de ser excavada ese área de la plaza del Castillo, donde se produjo este asentamiento hasta finales del siglo II o inicios del siglo I a.C.

Pinturas
La zona pintada tiene una extensión aproximada de 1,5 metros de largo por entre 8 y 15 centímetros de altura y se corresponde a la parte baja del muro de tapial de una casa de traza cuadrangular del Poblado II de la plaza del Castillo.
La existencia de estos revocos pintados en rojo, en ocasiones muy perdidos, quedó acreditada y documentada en el proceso de excavación por el equipo de la UAM en esa casa y en los poblados posteriores, aunque en estos de manera muy fragmentada y dispersa. Estos zócalos que se unen al suelo se pintaron en sucesivas ocasiones hasta la amortización de la vivienda, por lo que era posible reconocer de manera visual entre 6 y 9 capas de media. Se apreciaban sobre fondos blancos o claros motivos pintados de bandas anchas rojas y negras, además de reticulados de líneas finas o algún motivo curvilíneo.
Las pinturas se extrajeron por las obras previstas en ese espacio que incluían la escalinata de acceso a la fortaleza y la ubicación de un transformador eléctrico soterrado y que suponían el desmonte de gran parte del área donde se encontraban. Para ello se contó con el permiso del alcalde de la época, Felipe Suárez (1986).
Para extraerlos se dividió el muro en cuatro partes y se optó por mantener esos revocos pintados inmóviles y evitar su manejo durante un tiempo prolongado para su conservación. Así, ya restaurados, se mostraron en la exposición ‘Cuéllar Vaccea. Orígenes de un pueblo’, en el Museo de Segovia en 2022, y ahora se conservan entre sus fondos.
El trabajo pone de manifiesto “el valor excepcional de las pinturas encontradas”.
Recuperación
Los resultados arqueométricos realizados permiten conocer con detalle la preparación del muro, la técnica pictórica y la composición de los colores. Entre los pigmentos empleados destaca el rejalgar, un pigmento rojo anaranjado compuesto de sulfuro de arsénico, nada habitual en la paleta de colores de ese momento de mitad del I Milenio a.C. Esto evidencia el oficio y la riqueza tonal empleados por el pintor o pintores de esta casa, demostrando un conocimiento excelente de los pigmentos, además de un manejo amplio y experto de las técnicas para aplicar las decoraciones sobre el muro.
El descubrimiento del uso del rejalgar en la Península y en este instante es una primicia que deberá investigarse en profundidad, según apunta el estudio.
La restauración, que ha sido compleja debido a la fragilidad de los restos, ha aplicado procedimientos que han recuperado la superficie pintada de muchas de las capas, y ha conseguido estabilidad y seguridad material para esos revocos pintados.
La primera etapa de la restauración de las pinturas consistió en una limpieza inicial de polvo y tierra y se reubicaron los fragmentos desprendidos. Así, posteriormente se continuó con la limpieza, la integración de los fragmentos desprendidos y la consolidación de la superficie pictórica.
El estudio concluye que las pinturas de los muros de esa casa muestran hallazgos poco comunes y forman un conjunto excepcional en el panorama de los territorios al sur del Duero, también para el conocimiento de los pigmentos utilizados en el siglo V a.C.
