|Por Cristian Zamarrón|
Escribo este texto solo, encerrado en mi habitación. En estos momentos, incapaz de transmitir ni controlar mi emoción. Quizás en estos instantes no seamos conscientes de que hoy, lunes 31 de agosto de 2026, acabamos de asistir a un encierro para la historia de la muy noble villa de Cuéllar. 6 toros, 6 de Partido de Resina han hecho presencia en las calles de Cuéllar 30 años después.
Muchos no lo recordarán y otros tantos, un servidor entre ellos, no habíamos ni siquiera pisado el mundo. Lo dice uno que nació tres años después y tuvo la suerte y el privilegio de hacerlo en Cuéllar, la localidad que cuenta con los encierros más antiguos de España. Y los mejores.
Sucedía el año 1996, fue un martes 27 de agosto, martes de toros. Seis pavorosos novillos de la prestigiosa ganadería de Pablo Romero aguardaban en los corrales del río Cega. En las talanqueras los cuellaranos y visitantes esperaban con una expectación desbordada, por las nubes, ¿qué pasará?, ¿qué sucederá?, se preguntaban. Aquellos seis aterradores novillos con el hierro de Pablo Romero nunca pisaron las calles de Cuéllar. Se perdieron por el pinar. Los caballistas fueron incapaces de sujetar las embestidas de aquellos pabloromeros que no quisieron saber nada de nadie.
Como si la historia estuviese escrita, como si el destino lo hubiese preparado previamente, lo hicieron 30 años después. Un lunes 31 de agosto de 2026. Les pido que, por unos instantes dejen volar su imaginación.
Piensen, imaginen, sueñen despiertos. ¿Quién dice qué aquellos seis novillos que se perdieron por el pinar un lunes 27 de agosto de 1996 no fuesen los mismos seis toros que acabamos de ver hoy correr por las calles de Cuéllar? Aquellos seis fueron novillos, los seis de esta mañana fueron toros, como si el tiempo lo hubiese premeditado.
Ya no son pabloromeros, sino Partido de Resina, pero la esencia continúa siendo la misma. Ya no los corrieron Gerardo, Pichuli, Parra, Félix, Bikini… los corrieron Chuchete, Albano, Chirris, Luis, Iván, Fernando, Bayón… pido perdón y discúlpenme por todos los que me he dejado en el tintero, tanto de una como de otra generación, sois muchos y este texto va por todos vosotros, de corazón. Ya no realiza las fotos José Luis de Diego Bias, las hace Rubén de Miguel. Hay uno que ya en 1996 llevaba años retratando con su cámara los encierros de Cuéllar y que, tres décadas más tarde, continúa al pie del cañón. Se llama Enrique Madroño, permítanme esta especial mención.
El Baile de Rueda de aquel martes 27 de agosto nunca terminó. Esta mañana, 30 años después, continuaba sonando la misma dulzaina y el mismo tamboril en las calles de Cuéllar. Hoy, lunes 31 de agosto de 2026, aquel baile finalizó. Las sopas de ajo de aquel martes de agosto de 1996 supieron amargas, raras…, las de esta calurosa mañana de agosto de 2026, supieron buenas, a gloria del cielo. 30 años después se cumplió el rito.
Treinta años después finalizó aquel baile de Rueda. Treinta años después, con recuerdo especial a aquellos que se quedaron por el camino, terminó todo.
Treinta años después aquellos seis pavorosos novillos de Pablo Romero -ahora Partido de Resina– que un martes 27 de agosto de 1996 se perdieron por los pinares aledaños al río Cega, fueron encerrados, ya convertidos en toros, en las calles de la muy noble villa de Cuéllar, en el considerado como el encierro más antiguo de España.
El encierro más famoso de la historia de Cuéllar valga la redundancia, que nunca hizo presencia en las calles del municipio segoviano. Finalmente, sí que lo hizo. 30 años después.
