El Museo de Segovia ha seleccionado «Oración de San León Papa» como pieza del mes de enero. Se trata de un libro de oraciones hallado en la tumba de Isabel de Zuazo, junto con sus famosas bulas, en los sepulcros de la iglesia de San Esteban. Puede verse hasta el 30 de abril en la exposición conmemorativa de la proclamación de Isabel la Católica en Segovia, ya que la reina le dio mucha importancia.
La restauración y excavación en 2009 de los sepulcros de la iglesia de San Esteban de Cuéllar sacaron a la luz en la tumba de Isabel de Zuazo, además de las conocidas bulas de indulgencias, un librito de oraciones a San León Papa, con título en castellano pero con el texto en latín.
La oración se atribuye al papa León III, y se dice que la envió a Carlomagno como medio de defensa contra los enemigos y remedio para todo tipo de adversidades. Aunque no se puede acreditar la autoría por el papa santo, como ocurre con tantos textos.
Supuestamente protegía a su portador de todo tipo de peligros: contra la muerte súbita sin confesión, fuera por arma, agua o fuego; defendía de tormentas y liberaba de enemigos y del diablo. En el pequeño libro se dan indicaciones para obtener los beneficios, ejecuciones rituales, para pasar después a la oración. Después, se encuentra la oración del Obsecro, dedicada a la Virgen, que muestra partes de su vida y peticiones de ayuda para cumplir con la vida cristiana. También protegía supuestamente al creyente en el momento final de su vida.
Isabel la Católica
El librito se puede contemplar hasta el 30 de abril en la exposición temporal en el Museo Zuloaga de Segovia 1474. Isabel, reina en Segovia, que conmemora el 550 aniversario de la proclamación de Isabel I.
La reina Isabel la Católica tuvo tres ejemplares que se conservaban en una de las arcas de su recámara, donde estaban sus objetos personales más apreciados. Ello muestra la importancia del librito, del que seguramente se hicieron numerosas ediciones, algunas documentadas en inventarios de libreros, en el de los libros de Hernando Colón, o en el de la reina antes citado, además de la inserción de la oración en los libros de horas.
El hallado en Cuéllar no tiene datos de impresión, pero está impreso en las prensas salmantinas de Juan de Porras entre 1502 y 1520, fechas en que Porras emplea la misma tipografía. El ejemplar, restaurado, está falto de la hoja A8 y tiene una pequeña mutilación en la parte superior, con pérdida de texto. Está encuadernado con un fragmento de pergamino que formó parte de un manuscrito.
No se trataba de un libro al uso, no solo por sus escasos 10 centímetros de altura, sino porque no estaba destinado a la lectura habitual. En realidad, se concibió para ser llevado como acompañamiento y protección. De hecho, era habitual portarlo en un escapulario, e incluso como libro-joya, pues lo importante era su acción, no tanto su texto. En definitiva, era mas bien un libro-amuleto.
Prohibido por la Inquisición
Debido a esta condición de amuleto, llegada la mitad del siglo XVI, se consideró que era de carácter supersticioso, por lo que su versión en romance fue prohibida por la Inquisición, primero por la de Portugal y después por la española en 1559. Así pues, su tamaño, su uso y la prohibición, que exigía la entrega y destrucción de los libros, propiciaron que hayan quedado pocos ejemplares.
Como suele ocurrir en estos casos, agravado este por la prohibición inquisitorial, se han conservado tan solo tres ejemplares, dos de ello incompletos, siendo el de Isabel de Zuazo el mejor conservado.
Otro es el perteneciente a la Fundación Lázaro Galdiano, fragmento de un pliego incompleto (faltan dos hojas) hallado por el librero Pedro Vindel en las tapas de un libro, al que añadió un facsímil en papel de época para que pareciera completo, además de la marca de los impresores sevillanos Pedro Brun y Juan Gentil, con lo que hizo que pareciera un incunable, como así fue considerado durante décadas. En realidad, es edición burgalesa de Alonso de Melgar, de hacia 1520. El otro ejemplar, más pequeño y también incompleto, se ubica en la Hispanic Society of America de Nueva York, y ha tenido varias posibles atribuciones, incluida incunable, si bien parece sevillana, de la imprenta Cromberger, posterior a 1515.
En definitiva, se trata de documentos que, tras una azarosa andadura, y después de servir para la «salvación del alma» de Isabel de Zuazo, han sido recuperados como testimonios de una época en que la muerte estaba muy presente y se hacía lo posible para ir al más allá.
