| Por Francisco Salamanca |
Segunda de feria. Lunes de toros.
Tarde de toros en Cuéllar en la que se lidiaron astados de Partido de Resina, sin ninguna duda el festejo más completo de esta ganadería, en cualquier plaza, desde que la adquirieron los actuales propietarios en 1997 a Jaime de Pablo Romero.
Los toros pudieron con los toreros, a pesar de los trofeos. En estos últimos seis años, sexta corrida de toros consecutiva en esta plaza, hemos visto evolucionar el tipo de toro de esta ganadería, arquetipo, que lo fue siempre, de toro bravo.
Los toros actuales tienen más riñón son más largos, sigue premiando el desarrollo aleonado del tercio anterior, con pechos anchos y morrillos destacados, pero evolucionando a cuellos más largos, que facilitan su humillación en la muleta. Los cuernos típicos abiertos y en gancho son más apretados.
Excelente el encierro que protagonizaron por la mañana, rompiendo la manada en el recorrido urbano con cinco toros por delante entre la bueyada. Toros encastados, de presentación desigual, sobresaliendo el 4 y 5º, que se les aplaudió de salida. Recibieron 15 varas, la mayoría traseras. Demostraron bravura, 2º, 3º, 4º y 5º, al que se le premió con la vuelta al ruedo.
Un tercio de entrada. Colombo y Pablo Atienza junto con el mayoral y ganadero salieron a hombros de la plaza. La banda municipal toreó por pasodobles, luciéndose con Tercio de Quites.
De luces, Damián Castaño, de rosa y oro, silencio y algunos pitos tras aviso y pitos tras aviso. Jesús Enrique Colombo, de grana y oro con cabos blancos, algunos pitos y dos orejas excesivas. Pablo Atienza, de verde botella y azabache, dos orejas y pitos.
Damián Castaño no estuvo a la altura en su primero. Muleteo intrascendente a media altura con remates hacia las afueras. En el trasteo perdió la cara al toro recibiendo una voltereta con puntazo en la corva, que le afecto físicamente el resto del festejo. Mató mal. El cuarto toro de la tarde, su segundo, salió suelto de los primeros lances de recibo y se fue a tablas barruntando mala condición, pero con la muleta se vino arriba galopando y pidiendo el carné en cada pase al salmantino, que desarrolló una faena vibrante, bajándole mucho la cara y de gran exposición. Desgraciadamente la suerte suprema se convirtió en un panfleto desagradable de pinchazos y estocadas al encuentro, que escondieron los pañuelos del tendido.
Colombo no se manchó el vestido de torear en toda la tarde, hubo momentos en que parecía que el toro seguía en la plaza y él ya andaba por los Paseos de San Francisco- No se puede torear tan lejos del toro cuando tiene la oportunidad de lidiar la calidad de los astados que le tocaron en su lote. En ambos bureles, tandas perfileras sin emoción alguna, fuera de cacho, redondos andando hacia las afueras… Los toros buenos descubren a los toreros… El bajonazo indecente que le instrumentó a su primero estuvo a la altura de la lidia. Con el 5º, el mejor presentado del encierro, un toro bravo, que galopaba y humillaba con fijeza, fue premiado con dos orejas excesivas al robarnos al público el espectáculo de un toreo honrado y merecido por la calidad del toro, que se fue al desolladero sin torear.
Pablo Atienza demostró sus carencias de oficio en sus dos toros. Cauteloso en los inicios de faena con el tercero se terminó entregando el segoviano ante la calidad de la embestida de su oponente, arrancando naturales de gran belleza que llegaron a los tendidos de la plaza. ¡Qué bello espectáculo cuando toro y torero se entregan en los encuentros! En la suerte natural logró una estocada desprendida que hizo tumbarse al morlaco. Dos orejas. Con el sexto la película pasó a drama y la precaución por falta de oficio barrenó, literalmente, las espaldas del toro, que se mantuvo firme a pesar del intento y mostró el revés de la valentía y profesionalidad de alguien que quiere dedicarse a esto.









