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La política murió… ¡Viva la política!

|Por Rosa Arranz|

Para hacer este artículo me ha venido a la cabeza el título que lo encabeza. Recordaba que, hace muchos años, cuando lo vi en la portada de la Agenda Latinoamericana de 2008, que editan los Comités Óscar Romero, me impactó, y he tenido que repasar los numerosos artículos que la jalonan a lo largo de los meses para llegar a la conclusión de que siguen vigentes, lamentablemente vigentes, diría yo. El título y el artículo de apertura es de Pedro Casaldáliga (poeta y obispo brasileño, aunque nacido en Balsareny (Barcelona) y empieza aludiendo a Emmanuel Mounier: “Todo es político, aunque lo político no lo sea todo”.

Si miramos la definición de política como lo relativo al ordenamiento de la ciudad (suponiendo que ésta está compuesta por una sociedad libre, de personas libres que resuelven ordenadamente los problemas que les afectan como colectividad, atendiendo a un bien común) nos queda una definición impecable. Lo malo es que, con demasiada frecuencia, no se ajusta a la realidad.

La decepción que ha venido provocando la política ha creado una actitud de desconfianza, abatimiento, indignación y hasta de desprecio. Pero, ¿tiene la política la culpa del mal uso que hacen de ella los políticos? Corrupción, nepotismo, alianzas espurias y miserables, promesas electorales incumplidas una y mil veces, cuando no mentiras descaradas. Se ha hecho de la política un negocio, es el recurso perfecto de las élites que a golpe de leyes santifican sus intereses, que pocas veces son los del pueblo.

 ¿Qué podemos hacer ante esta situación? ¿Sucumbir? ¿Asumir que las cosas son así? ¿Mirar para otro lado? ¡Pues claro que no! ¿Acaso no tenemos cada uno de nosotros el poder y el deber de cambiar las cosas? Estamos obligados a hacer lo posible porque esa política vieja, antidemocrática, dictatorial e injusta muera de una vez. Si queremos una sociedad con un futuro humanizador, democrático, participativo, justo, liberador; tenemos en nuestras manos, nuestro corazón y nuestra cabeza la posibilidad de hacer que las cosas cambien. Votar en las elecciones debe ser el mayor acto de rebeldía que estos tiempos necesitan frente a un statu quo con el que los ‘poderosos’ nos quieren doblegados y atontados.

 La ciudadanía también tiene un poder muy importante: su voto. El de cada uno de nosotros, hombres y mujeres libres para decidir. Ni más, ni menos. Ellos saben que lo necesitan, aunque se lo prestemos cada cuatro años. Pues esta vez, NO. Esta vez debemos pensar en nuestro vecino sin trabajo, en los refugiados que mueren llamando a las puertas de Europa, en el perverso TTIP, en las muchas mujeres que sufren y son asesinadas víctimas de la violencia machista, en las elevadas tasas universitarias que muchas familias no han podido pagar, en la reducción de horarios de nuestros consultorios rurales, en los precios miserables que pagan a los agricultores por sus producciones o los sueldos de mierda de miles de trabajadores y trabajadoras. La lista sería infinita.

El escritor brasileño Rubem Alves decía en un artículo: “De todas las vocaciones, la política es la más noble… De todas las profesiones, la profesión política es la más vil. Nuestro futuro depende de esa lucha entre políticos por vocación y políticos por profesión”. Alves urge a los jóvenes a que se dejen seducir por la vocación política: “Hay descubrimientos de los orígenes, pero son más bellos los descubrimientos de los destinos”.

No podemos olvidar tampoco los versos que el dramaturgo alemán Bertold Brecht plasmó en su poema ‘El analfabeto político’: “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, ni participa en los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del pan, del pescado, de la harina, del alquiler, de los zapatos o las medicinas dependen de las decisiones políticas…”.

Hagamos lo posible porque a partir del 20 de diciembre nuestro Parlamento español esté lleno de hombres y mujeres con verdadera vocación política y vacio de políticos profesionales ajenos al bien común y al destino justo para el pueblo. Que a partir del 20D la vieja política haya muerto y tengamos una nueva política.

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