| Pablo Quevedo Senovilla |

A la Asociación Encierros de Cuéllar, mi agradecimiento por su respeto y consideración en el recuerdo de mi hijo Pablo Quevedo Lázaro, periodista, redactor de la primera revista Encierros de Cuéllar siendo promotor Isaías Salamanca Ortega en 2014.

Quiero agradecer también a los medios de comunicación por su sincera información y difusión de sus trabajos a través de sus cortos 56 años de vida. A esCuellar (Gabriel Gómez y Nuria Pascual), y al Norte de Castilla (Mónica Rico).

Al inseparable, fiel y gran amigo Alfonso Rey Senovilla, pregonero de las fiestas 2023, por sus palabras volanderas que fueron oídas en el Henar, donde yo me encontraba en esos momentos.

Quiero expresar el sentimiento de un padre al enterarse del sentido y cálido homenaje dirigido a mi hijo con una gran ovación por los asistentes en el Palacio de Pedro I el Cruel, durante la presentación de la revista Encierros de Cuellar y la entrega del premio a la Mejor Ganadería de los Encierros 2023, al titular de la ganadería jienense Araúz de Robles.

No quiero pasar página, sin antes, dar las gracias a Carlos Fraile, alcalde de Cuéllar, al periodista Daniel Martín, que ejerció como moderador, a Jairo Martín como presidente de la Asociación Encierros de Cuéllar y a Rubén de Miguel Espeso, director de la revista.

Allá donde haya volado estará escuchando y observando con su hermano Jaime y su madre Ana Mª, que descansen en paz.

 

Día 29 de octubre, un otoño cruel de 2022

En el fuego solar y terrestre de los días, gestos de dolor y llanto, aún tengo verdes las hojas escritas de sus relatos en emocionada lectura. ¡Cuánto amor dejó sembrado por todas las partes que visitaba! Con esa sonrisa perenne que él miraba de frente al mundo, a sus padres y hermanos, a su familia y amigos, algunos todavía callados con hondura de sufrimiento.

Siempre con su afán de escribir y comunicarse con sus compañeros periodistas y familiares, niños y niñas, contando cuentos de su pájaro preferido, el petirrojo, a quién imitaba silbando, durante los paseos que a diario dábamos comunicados con la naturaleza junto a la ribera del río Cega.

Treinta meses no fueron suficientes para poder pasar los 19 libros escritos serenamente por las mañanas antes de esos paseos por el campo, los que dejó terminados pudiendo haber finalizado otros tantos.