José Mª Pascual fue uno de los diez primeros agentes de la Policía Local de Cuéllar, tal y como hoy la conocemos. Natural de Arroyo de Cuéllar, en 1988 llegó a la academia de Valladolid junto a sus compañeros y ahora, casi cuatro décadas después, disfruta de sus últimas vacaciones que enlazará con la jubilación el próximo 27 de abril.
Pascual recuerda que su llegada al cuerpo no fue vocacional, pero se muestra satisfecho del trabajo que ha desarrollado por la villa y sus vecinos durante todos estos años.
Se remonta a los comienzos cuando llegaron y comenzaron a trabajar con los cuatro municipales que había en aquellos años 80, que no hacían trabajo de calle. Recuerda cómo comenzaron a trabajar después de la Navidad de 1989 y sus primeros uniformes amarillos “la gente salía a la calle para vernos”, señala.
“Al principio fue un poco difícil, hubo que adaptarse a la vida que tenías antes como uno más del pueblo, a ser policía, tener que llamar la atención, poner multas…”, detalla Pascual, añadiendo que también tuvieron que acostumbrarse “a trabajar los fines de semana, las fiestas, los Toros…”.
“El primer año en Toros hicimos turnos de 16 horas”, explica destacando como todos estaban aquel año un poco ‘a la expectativa’ de lo que pasaría.
Cuando Javier Moreno ocupó la jefatura él pasó a ser el oficial, puesto que ocupó hasta la jubilación de Moreno en 2020 cuando asumió su cargo. Juan Pedro Alonso, otro de los veteranos en el cuerpo, será el agente que le sustituya ahora en el cargo y Pascual está colaborando con él en todo lo que necesita para ejercer sus nuevas funciones.

Evolución
El cuerpo ha evolucionado mucho en estas décadas, Pascual apunta que cuando llegaron el vehículo con que contaban era un Renault 4 y tenían una máquina de escribir que después pasó a ser eléctrica para finalmente dar paso a un ordenador. También contaban con el arma reglamentaria y unas viejas transmisiones.
El cambio de uniforme, del amarillo al azul claro y finalmente al actual, ha sido otro de los cambios del cuerpo al que se han sumado elementos como un sonómetro, un etilómetro, un desfibrilador, un lector de chip de perros, el rádar… A nivel informático “es otro mundo” dice, poniendo como ejemplo que ahora las denuncias se ponen con una PDA que incorpora una impresora y todas las gestiones están informatizadas.
Cuando llegaron no había semáforos en la villa, “y en el cruce de San Francisco teníamos que estar regulando el tráfico todos los días a mediodía y por la tarde también”. Tampoco había circunvalación y las calles que soportaban más tráfico eran la Avenida Camilo José Cela, la calle Nueva y San Andrés, todas entonces de doble sentido.
En cuanto al trazado urbano de la villa, Pascual apunta como no existían calles como Fotógrafo Rafael, Achicorera o El Cubo, y algunos barrios como Las Lomas o Valdihuertos estaban sin desarrollar. Y calles como La Magdalena o Santa Marina eran de doble sentido.
Las peatonalizaciones de las calles del centro y el cambio a un solo sentido de algunas de ellas fue otro cambio importante. Como también lo ha sido la supresión de estacionamientos en algunas vías, las zonas de estacionamiento limitado o la reorganización del tráfico en el barrio de El Salvador
Fiestas
Pascual afirma que las fiestas son el momento más importante del año “las fiestas son palabras mayores”, asegura. Afirma que “empieza el pueblo como a bullir, los bares a hacer acopio, la gente a preparar las peñas, a poner tableros en los negocios…”. “El día del pregón es algo increíble”, exclama, al tiempo que recuerda cómo fue vivirlo por primera vez trabajando.
“Es para nosotros el momento más difícil y de más incertidumbre“, señala, indicando como el resultado del encierro les condiciona el servicio de todo el día.
Mira atrás para referirse a los cambios en el recorrido campestre del encierro que se aplicaron cuando los toros del encierro no entraron un año y el pueblo se manifestó. “A raíz de eso se hizo la ordenanza y comenzó a establecerse un itinerario fijo”, apunta añadiendo como poco a poco se ha ido incorporando señalización hasta la situación actual “esta todo mucho más organizado”.
Pandemia
Para Pascual la pandemia ha sido el peor de los momentos vividos en estas décadas, junto a accidentes, suicidios y otros sucesos. Incertidumbre, desconocimiento, normativas cambiantes, control de confinados… son algunos de los términos que utiliza para referirse a aquel periodo
En cuanto al mejor momento hace referencia a la satisfacción que siente cuando acaban las fiestas y todo ha salido bien, también a la mediación en conflictos entre personas.
La incorporación del cuerpo al sistema Viogén ha sido uno de los servicios incorporados en los últimos años al cuerpo “es una cosa delicada y mucha responsabilidad”, afirma Pascual indicando que son cinco los agentes habilitados para ello.
A nivel del municipio considera que hace falta “un aparcamiento de camiones o dos y cerrar la circunvalación”, aunque es consciente de que el aparcamiento requiere mucho dinero y la circunvalación no depende del Ayuntamiento.
Mira al futuro señalando que es necesario renovar los vehículos del cuerpo, programas informáticos y material. “Lo más prioritario es estructurar bien el cuerpo cubriendo las plazas e intentando fijar la plantilla”, afirma.
Se despide agradeciendo a Javier Moreno su labor para modernizar el cuerpo y al resto de sus compañeros, especialmente a su sustituto Juan Pedro porque “siempre ha estado para lo que ha hecho falta”, asegura. No se olvida de los miembros de la Corporación Municipal, de los servicios municipales y de obras, del responsable del pabellón, de los técnicos de Urbanismo, Intervención, Secretaría, Turismo, de las CEAAS, Protección Civil, Guardia Civil… Y de las asociaciones deportivas de la villa con las que ha trabajado en las diferentes pruebas que organizan.
