Cuarta de feria. Jueves de toros.
Novillada con picadores que cerraba el ciclo taurino cuellarano. Con algo más de mil personas en el tendido se jugaron seis novillos de Aurelio Hernando y uno de Beteta por devolución del sexto de la ganadería titular. Utreros desiguales y muy justitos de presentación, excepto el 2º, 6º y sobrero. 1º, 3º, 4º y 5º carecían de integridad en los pitones. Encastados todos, fue casi-bravo el 2º, se dejaron 3º y 5º. Mansearon: 1ª, 4ª y el de Beteta (ilidiable, como si supiera de qué iba la cosa). Se acalambraron de salida todos menos el 5º y el sobrero. Recibieron en conjunto 14 varas, algunas alevosas.
Gonzalo Alves, de verde botella y oro, mostró falta de oficio y de arrimarse. El portugués torea muy alejado en los encuentros y manda poco sobre la embestida. Puso banderillas con facilidad, pero a novillo pasado. Tras cinco series a su primero, sin repercusión en el tendido, se parte el cuerno izquierdo el novillo por la cepa y decide abreviar con pinchazo y estocada caída. Silencio. En su segundo más de lo mismo, un novillo burraco con pinta de eral, que manseó en el caballo y al que mandó al desolladero tras pinchazo y estocada contraria casi entera. Silencio con algunos pitos.
Salvador Herrero, de tabaco y oro con cabos blancos, triunfador de la fería taurina de Cuéllar 2025, da la impresión de que está involucionando. Este novillero demostró el pasado año torería, poder y sitio. Su lote fue de peor condición que el lidiado el pasado año del mismo hierro, pero dar ese salto tan grande a la vulgaridad no es comprensible. Sus toros se dejaron, incluso su primero tenía calidad en la embestida y cuando le bajaba ligeramente la mano el novillo se entregaba. Silencio tras pinchazo, estocada tendida caída, aviso y varios descabellos. El quinto, un novillo manso, le apretó un buen revolcón tras avisarle en dos ocasiones. Silencio con algunos pitos tras estocada atravesada y varios descabellos.
Jorge Oliva, de frambuesa y oro estuvo a la altura del compromiso. El segoviano toreó a su primer oponente por ambos pitones, haciéndose grande al natural, cargando la suerte, mandando con muletazos arrastrando la franela, largos hasta la cadera y de bello trazo. Se luce por bajo en el trasteo previo para cuadrar al novillo en la suerte contraria, pinchazo, manoletinas ajustadas, suerte natural y estocada contraria rinconera. Oreja.
Su segundo fue un sobrero de Beteta por devolución, no entendida por nadie de los allí presentes, del 6ª. El que saltó a la arena fue corrido en el encierro del día anterior, con buena facha y pitones ofensivos. De comportamiento extraño, que sobrepasaba al habitual de mansedumbre. La cuadrilla ante el regalito hizo lo posible por reducir la fuerza del zaino y bajarle los humos, y la cabeza. Imposible. El varilarguero, que suponemos cumplía órdenes de alguien, se lanzó vara en mano al centro del ruedo en busca del novillo. Se pasó el reglamento, al presidente, al público, el prestigio de la plaza y la Tauromaquia por debajo de la calzona.
Una pena que el presidente no mandara a nadie a parar el desaguisado, que esperemos tenga su justo castigo con una sanción a la altura. Oliva demostró oficio en el trasteo, le cacheteó por ambos pitones y le rodó tras estocada tendida trasera y descabello. Recibió aplausos y leve petición.
El novillo devuelto, de los más serios del encierro, se empeñó en recriminar al presidente su ligereza con el pañuelo verde, hasta cuatro novillos anteriores presentaron más calambres que el susodicho y los aguantó el señor Costales hasta banderillas. El novillo devuelto tardó un buen rato en entrar a los corrales y cada vez que se volvía en la puerta de chiqueros galopaba con mayor seguridad y aplomo, demostrando el error del presidente, como haciéndole burla. La bronca fue seria y el público comentaba la rechifla del novillo hacia el palco. Nadie sabemos si habría valido o no el de Aurelio, pero Jorge Oiva lloró porque soñaba con una de sus orejas, al menos, para abrir la puerta grande.
La feria venía marcada por tres buenos festejos, uno excepcional. La decisión precipitada del presidente del festejo nos ha dejado a los aficionados con un amargo recuerdo en el remate del ciclo. ¡Una pena!










