El Convento de Santa Clara de Cuéllar abrió sus puertas a una nueva edición estival de la actividad ‘Con el Patrimonio puntualmente’, dirigida por el historiador cuellarano Juan Carlos Llorente.
Una treintena de personas disfrutaron de esta edición especial que se organizó tras haberse completado el cupo de la primera y ser muchas las personas interesadas en conocer este convento cuellarano.
El recorrido comenzó en el exterior visitando el patio en torno al que se ubicaban las casas de los sacristanes y personas vinculadas al recinto conventual. Allí Llorente explicó la diferencia entre convento y monasterio, el primero se ubica más cerca de las villas o ciudades, mientras que los monasterios están más alejados. Los conventos se dedican en parte a la ayuda social como la atención a los pobres, y los monasterios más a la oración y el retiro.
Fundado en el siglo XIII como convento de monjas damianitas es ahora habitado por una decena de monjas clarisas, detalle este último que aportó una de ellas al finalizar la visita. De aquel primer convento, Llorente dijo que se conserva un cristo en el templo actual.
El convento fue refundado en el siglo XVI con el patrocinio de la Casa de Alburquerque, a la que pertenece.
Entre las peculiaridades exteriores el historiador local destacó las tejas en saledizo con tres piezas habituales en la villa en los siglos XVI y XVII; también recordó como las viudas de gente noble se retiraban a este convento, para lo que contaban con sus propias estancias y ya en el interior, en el coro bajo, mostró la huella en la pared del rayo que cayó en la espadaña de la iglesia, llegando hasta el coro bajo donde se encontraban las monjas que salieron ilesas. El suceso destruyó las presillas de un libro que los participantes pudieron observar. Aquel suceso se conoce como ‘la chispa’ y se celebra cada año el 12 de julio en el convento.
La fachada exterior es renacentista con una imagen de Santa Clara de autor desconocido que Llorente calificó como «magnífica». También se encuentran a ambos lados los escudos de los Mendoza y de los Cueva.
El altar mayor, presidido por Santa Clara, es obra de Juan de Juni, y tiene los escudos de sus fundadores. Junto a santa Clara se encuentran San Antón y San Francisco. Las lápidas de piedra pertenecen a Íñigo de la Cueva y a su mujer doña Ana de la Cueva y Mendoza, mientras que la de bronce, que fue trasladada junto al acceso al coro pertenece a Isabel Girón, esposa de Beltrán de la Cueva, tercer Duque de Alburquerque. Esta lauda sepulcral es «única en la provincia de Segovia», tal y como detalló Llorente.
El claustro del convento era «como un pequeño pueblo», explicó Llorente, ya que en torno a él se ubicaban la enfermería, la botica, la biblioteca, las celdas, el comedor… y otras dependencias, además de ser un espacio de paseo y donde se realizaban las procesiones en el convento. De planta cuadrada y estilo renacentista, sus arcos fueron cegados. Conserva una fuente central y en la parte superior y en las enjutas de los arcos las armas del Ducado de Alburquerque.
Una de las monjas del convento acompañó a los visitantes en la parte final, mostró los diferentes toques que tienen para llamar a las hermanas y cómo se ejecutan. También explicó que actualmente regentan una lavandería que da servicio a la hostelería y vecinos de la zona.




